Por Ramón de España en El periódico

El juego de los espías

https://www.elperiodico.com/es/barcelona/20181226/el-juego-de-los-espias-7220195

El jueves pasado, a media tarde, me planté en la estupenda librería especializada en el género policial Somnegra para asistir a una presentación que, finalmente, no se celebró: el dueño del establecimiento tiene otro trabajo -para compensar lo que no gana con el literario, intuyo- y las cosas se le habían complicado a última hora. Como era él quien debía presentar la primera novela del historiador Francisco Veiga (Madrid, 1958) y darle un poco de conversación al autor, la cosa se anuló sin tiempo de avisar al respetable público. ¡Así es la azarosa vida del librero independiente, amigos!

Me llevé a Paco a tomar un café y a enterarme de por qué le había dado a un catedrático de Historia Contemporánea de la Autònoma -lleva dando clases ahí desde 1983- por pasarse a la ficción y, concretamente, al ‘thriller’. “Lo mío no son exactamente novelas policiacas”, me comentó en una terraza, sin quitarse una gorra muy adecuada para deambular por los alrededores del Checkpoint Charlie de cuando la Guerra Fría, “Me siento más cercano a Graham Greene que a Georges Simenon, del que nunca he podido llegar al final de ninguna de sus novelas. Prefiero insertarme en el género de la novela de espías. Y me mueven las historias inmediatas, prácticamente las que están sucediendo mientras escribo. Una especie de literatura del instante. Los atentados del verano de 2017 me pillaron acabando ‘Ciudad para ser herida’ y tuve que meterlos en la trama”.

Paco Veiga ha publicado ‘Ciudad para ser herida’,  una novela de espías en la Barcelona de hoy

‘Ciudad para ser herida’ es un libro de espías asaz trepidante que transcurre en una Barcelona en la que siempre parece que está a punto de suceder alguna desgracia. Agentes del Cesid son asesinados en diferentes puntos del planeta y todos formaban parte del Informe Pata Negra, un dossier capaz de causar graves daños al estado y que obraba en poder de Jordi Pujol. Un periodista investiga los hechos, asesorado por un amigo librero que compagina su independentismo con sus labores de soplón para los servicios deiInteligencia, mientras un equipo del Cesid en Barcelona intenta averiguar qué está pasando.

Uno de esos agentes, el catalán Genís -que aquí no pasa de personaje secundario- protagonizará la próxima novela de Veiga: “Empieza con un intento de asesinato de Puigdemont y pretende demostrar cómo todo está interconectado hoy día y un personaje aparentemente menor puede verse involucrado en conspiraciones mundiales. La mayor parte de la historia transcurre en Kazajstán, un sitio que me conozco bastante bien de cuando escribía en la prensa sobre la crisis de los Balcanes en el que subsiste una extraña tradición: dentro de un cercado, cuatro jinetes compiten entre sí para ver quién se hace con una cabra muerta -en sus orígenes, la cabra estaba viva y la iba diñando con cada embestida de los que montaban a caballo-, hasta que el bicho queda reducido a un pingajo sanguinolento. La novela se llamará ‘Las reglas de la cabra’. Y la cabra es Puigdemont”.

La siguiente novela del catedrático de Historia empezará con un intento de asesinato de Puigdemont

Paco Veiga nació en Madrid por casualidad, ya que su padre, prototipo del gallego errante, se dedicó durante años a pasear a su familia por diversas ciudades españolas y extranjeras, hasta asentarse, más o menos, en Barcelona. Además de dar clases en Bellaterra -donde forma parte de un grupo de estudio sobre el regreso y el avance de la ultraderecha en Europa-, nuestro hombre ha publicado una quincena de ensayos geopolíticos y para algunos, entre los que me cuento, sus crónicas balcánicas de los años 90 en ‘El País’ nos ayudaron a entender un poco mejor el delirio criminal de los Milosevic y los Karadjic.

Publicada por la pequeña pero selecta editorial Mankell, ‘Ciudad para ser herida’ es la prueba de que la ficción, en estos momentos, interesa y entretiene más a su autor que cualquier nueva incursión en la ensayística: “La verdad es que me divierto más fabulando que insistiendo en lo mío. Debe ser cosa de la edad”. Esperemos que ‘Las reglas de la cabra’ se presente en sociedad como Dios manda.

Por Víctor del Árbol

Libros que me gusta leer.

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“Ciudad para ser herida” de Francisco Veiga. Editorial Mankell

Es verdad que cada vez, por motivos distintos, leo menos ficción que se publica ahora. Hay compromisos, trabajo, y una lista de pendientes enorme que crece sin parar. Pero de vez en cuando y por razones azarosas cae en mis manos una novela que en principio yo no estaba destinado a leer y que me lo hace pasar bien, olvidar el lápiz y el análisis y disfrutar sin más de la lectura. Tal es el caso de “Ciudad para herir” de Francisco Veiga.
Cada época elige por encima de los demás un género que la representa. Novela de corte histórico, novela costumbrista, de auto ficción, novela negra, novela social…Recuerdo que en los años 80 yo era muy aficionado a las novelas de espías, Frederick forsyth y sus “Perros de la Guerra”, la serie protagonizada por el espía Piers Ropper de Ken Follet, las novelas de Oriente Medio de Larry Collins y Dominique Lapierre…Eran trepidantes, hablaban de un mundo que se dividía en bloques y de la guerra fría, de espías complejos y sofisticados, de mundos de glamour y traición, mujeres hermosas y peligrosas, políticos sin límites…etc. Como pasa a menudo y sin una razón concreta, un día dejé de leer esas novelas que tanto me entretenían y pasé a otra cosa.
Curiosamente, en muy poco tiempo he vuelto a encontrarme con dos novelas de espionaje, “Or noir” de la escritora Dominique Manotti y la citada arriba “Ciudad para ser herida” de Francisco Veiga. Y en ambas he vuelto a encontrar aquel gusto de las horas leyendo con afán. En otra ocasión os hablaré de Manotti. Hoy quiero hablar de Veiga.
El mundo ya no está dividido en bloques ideológicos nítidamente separados por telones de acero, la globalización ha difuminado las fronteras, haciendo más y más borrosos las lealtades y más complejas las relaciones entre países. Hoy eres aliado y mañana enemigo, o aliado en un terreno y enemigo en el otro al mismo tiempo. James Bond no sabría por quién mata. El nuevo campo de batalla es la economía (siempre lo ha sido, pero esta vez se trata de intereses corporativistas) y el arma de destrucción masiva es la información (y la desinformación). Los servicios de inteligencia han tenido que mutar a la misma velocidad y no siempre de una manera exitosa. De esa transformación nos habla “Ciudad para ser herida” y de los vínculos entre terrorismo y delincuencia (a veces para financiarse, a veces como simple justificación para blanquear capitales)
La ciudad elegida es Barcelona, una ciudad cruce de caminos, efervescente, pujante y apetecible para todo tipo de personajes. La Barcelona de hoy bien podía ser aquel escenario de la guerra fría elegida por los escritores de los ochenta para ambientar sus tramas (entonces eran Berlín, Londres o París), un lugar donde el turismo lo es todo, el negocio inmobiliario la gallina de los huevos de oro y en la que desde hace años el terrorismo internacional ha colocado una diana.
Francisco Veiga sabe de lo que habla, uno lo nota al leer estas páginas, y lo he corroborado al conocerlo personalmente para hablar de su novela. Profesor de Historia especialista en los Balcanes y Turquía, en las relaciones internacionales, periodista con un amplio conocimiento de los entresijos que mueven el mundo (el flujo económico, el espionaje industrial, los servicios de inteligencia estatales y otros más opacos), no deja sin embargo, que el caudal de información nos ahogue o convierta la historia en un simple ensayo. La trama es rápida, nerviosa, como sus protagonistas que apenas tienen tiempo para asimilar lo que les sucede, llevados por el río de los acontecimientos para llegar a un final tan sorprendente para ellos como para nosotros, los lectores.
“Ciudad para ser herida” es una novela para leerla sin pausas, para correr de Barcelona a Helsinki o viajar a las turbulentas aguas del Bósforo.
Bienvenidos a la novela de espionaje del siglo XXI

Por Inma Chacón en Zenda

UN VIAJE POR EL MUNDO DE LA INTRIGA

Un viaje por el mundo de la intriga

“Lo que sigue a continuación es una historia de espías: las cosas que se relatan aquí suceden y volverán a pasar, aunque rara vez se publiquen. El protagonista real del relato es la información. Se trata de obtenerla, no de impartir justicia ni meter a los malos entre rejas”.

Ciudad para ser heridaes un puzzle de piezas descolocadas e inteligentes”

Con este párrafo aclaratorio se inicia Ciudad para ser herida, la primera novela de Francisco Veiga, catedrático de Historia Contemporánea y Actual de la Universidad Autónoma de Barcelona, especialista en la Europa Sudoriental y el Imperio Otomano-Turquía de los siglos XIX al XXI, cuya última línea de investigación académica se centra en la nueva ultraderecha europea y americana.

La preparación de un atentado terrorista en la Ciudad Condal, la investigación de un grupo de agentes del espionaje y del contraespionaje, y un misterio por resolver, son los ingredientes con que, con la maestría de un analista político, el autor elabora una trama que bucea en la complejidad del mundo del espionaje, para poner de relieve que el objetivo final de cualquier operación encubierta no es otro que el de obtener información para impedir ciertos acontecimientos que no deberían suceder.

“En mayo de 2017 completó el primer manuscrito y pocos meses después, para sorpresa del autor y el horror de todos, se produjo el ataque terrorista en las Ramblas de Barcelona”

Centrada en Barcelona, Ciudad para ser herida es un puzzle de piezas descolocadas e inteligentes, que busca la complicidad del lector para poder recomponerse. Un viaje por el mundo de la intriga y la manipulación, de la mano de unos personajes que a veces no son lo que parecen, de otros que parecen lo que son, de algunos que no saben en lo que podrían convertirse y de otros que ponen su confianza en quienes no deberían.

Tal y como ha señalado Francisco Veiga en algunas declaraciones, empezó a escribir el texto en abril de 2016 y, desde entonces, fue incluyendo acontecimientos reales en el mismo tiempo en que se iban produciendo. El Brexit, el golpe de estado de Tuquía y la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca aparecen en la novela sin que el autor hubiera pensado en ellos previamente. En mayo de 2017 completó el primer manuscrito y pocos meses después, para sorpresa del autor y el horror de todos, se produjo el ataque terrorista en las Ramblas de Barcelona, una coincidencia que bien podría servir como línea argumental de una nueva novela donde, como en Ciudad para ser herida, se entretejen la ficción y la realidad con la crítica política y el género periodístico de tal forma que, en ocasiones, el lector tiene que preguntarse si se encuentra ante una novela o ante un reportaje de actualidad.

Influencias

  • Blade Runner (R. Scott, 1982) recorre parte del planteamiento argumental de la novela. La ciudad amenazada –por otra parte, abandonada a su suerte- amenazada por atacantes que llegan de fuera, de mundos exteriores o lejanos con designios difíciles de entender.
  • El manuscrito encontrado en Zaragoza, de Jan Potocki (1804-1805) – Estructura de historias dentro de la historia general. A esto se denomina técnica narrativa del myse en abyme o relato enmarcado.
  • Naranja mecánica de Anthony Burgess (1962) con la utilización de algo parecido al Nadsat en el capítulo dedicado al equipo multinacional de hackers que trabajan para Bernat ue hablan el barnaslang
  • El desierto de los tártaros de Dino Buzzati (1940): citado explícitamente en la novela. Qué buscamos en la vida
  • John Dos Passos: la inclusión de las noticias y trozos del mundo real en bruto, en la narración (Newsreel)
  • Graham Greene: para mi, el gran maestro del género del espionaje, mucho antes y mejor que Le Carré, convertido en un fenómeno comercial. Los dilemas morales, las relaciones entre los personajes, las motivaciones, están magistralmente tratadas en sus obras.
  • Soldado de la CIA de Robert Baer (2002) es una obra autobiográfica con cierta calidad literaria que conoce casi cualquier profesional del mundo de la inteligencia.
  • Vals con Bashir (Ari Folman, 2008). La importancia que posee el planteamiento sicologista de este film inspiró algunos momentos importantes de Ciudad para ser herida, hasta el punto de incluir algunas frases concretas de la película.

La novela y el subgénero de espionaje

El mundo real del espionaje es colectivo, no individual. Cada uno tiene una pieza del puzzle, pero luego resulta que nadie lo tenía entero. Hace tiempo que han concluido los tiempos de los “ases del espionaje” estilo Sidney Reilly, a comienzos del siglo XX y Revolución rusa, que hacían y deshacían por su cuenta.

Hoy, un personaje principal apenas tiene sentido. Son equipos que trabajan contra otros equipos, por decirlo así. Las operaciones de espionaje y contraespionaje son muy complejas e incluyen medios importantes, así como complejas planificaciones.

Por lo tanto, esta novela busca explicar cómo funciona ese mundo, en su complejidad; la variedad de personajes diferentes implicados y, en último término, poner de relieve cuál es el objetivo final de las operaciones de espionaje / contraespionaje: la información.

Esto es bastante novedoso porque en realidad, durante muchos años se ha escrito mucho “falso género de espías”. Ahí lo importante era el cadáver, el traidor, las cuitas del espía (o la víctima) aislados. El célebre argumento de “hay un traidor entre nosotros” ha sido el más socorrido. En series como Homeland es el  trasfondo argumental básico, temporada tras temporada.

Y no es que sea una mala idea. Al fin y al cabo, las novelas del maestro Graham Greene incidían en el personaje central y sus hazañas o desgracias (El factor humano, Nuestro hombre en La Habana, El amigo americano). Le Carré ya introdujo el trabajo de los equipos, la complejidad de las operaciones, y la búsqueda de la información. Pero sus grandes títulos estaban centrados en un mundo todavía artesanal del espionaje, en el arranque de la Guerra Fría (El espia que surgió del frio es de 1963, ambientada en 1960). Las últimas novelas de este celebrado autor, al menos las ambientadas en los años 90s y primeros del siglo XXI  dejan ya bastante que desear, razón por la cual el autor ha regresado a los escenarios de sus primeras obras y a una especie de memorias.

Otro punto importante a tener en cuenta: los espías no resuelven asesinatos, ni crímenes. Eso es el trabajo de la policía. Los espías / analistas / agentes de inteligencia, intentan adelantarse a los acontecimientos, prevenir. Para eso se necesita la información, precisamente. En esta novela se trata de saber en qué consiste la amenaza que supone Arash (inicialmente) y después prevenir la supuesta cadena de atentados que se ciernen sobre Barcelona. En tal sentido, el relato de una operación de inteligencia vendría a ser, en la mayoría de los casos, algo más parecido a Minority Report (S. Spielberg, 2002) que a en el cual aparece el cadáver y el autor relata retrospectivamente qué sucedió.

Política y espionaje en la novela

La novela policiaca suele poseer un trasfondo de crítica social; la de espionaje, en cambio, refleja más bien problemas de tipo político. Este sencillo enunciado, sin embargo, encierra mucha miga. Porque el hecho es que el tiempo y la geografía cambian la percepción de muchas cosas y de esa forma, lo que en un momento dado y en un lugar determinado se convierte en algo poco recomendable para ser publicado, parece pólvora mojada en otros contextos. Y eso es válido tanto para la novela policiaca como para la de espías.
Pongamos, por ejemplo, el caso de Fariña, el ya célebre relato de Nacho Carretero, cuya distribución quedó bloqueada por orden judicial. Aquello fue objeto de debate político, aparte de contener una potente carga de crítica sobre el alcance del narcotráfico en la sociedad circundante. De la misma forma, sucede como con los chistes: la presión de lo que hoy llamamos corrección política hace que enfoques literarios sobre casos policiales vistos como exitosos hace años, hoy no resulten tan claros. Entre otras muchas posibilidades es factible hacer la prueba con aquella célebre serie de RTVE emitida en los años ochenta titulada: La huella del crimen, que hoy podemos visionar cómodamente a la carta. Y a partir de ahí tirar hacia atrás con “A tiro limpio” de Pérez Dolz (1963) o “Brigada criminal” de Ignacio Iquino (1950).
A este tipo de temáticas se les puede dar la vuelta en uno y otro sentido: asuntos o abordajes audaces de antaño hoy parecerían cursis o incomprensibles, mientras que historias que por entonces estaban a salvo de toda crítica no han resistido el paso de los años. Es lógico que sea así: la importancia de las problemáticas en la sociedad suele cambiar según las épocas. Por eso una mayoría de títulos son olvidados, y otros permanecen como referentes literarios.
En el caso de las novelas de espías sucede lo mismo. Pongamos, por ejemplo, El agente secreto de Conrad, publicada en 1907. Por entonces, los malos eran los rusos –no aún los alemanes- porque hasta hacía bien poco esa gran potencia había sido la competidora del Imperio británico en lo que se dio en llamar el “Gran Juego”. Pero además, debido al recuerdo de la Revolución rusa de 1905, no quedaba claro para los ingleses dónde empezaba la subversión anarquista y donde terminaba la acción insidiosa del zar y su policía secreta, la Ojrana. Sin embargo, en la novela, la injerencia rusa en Gran Bretaña ocupaba un papel secundario porque lo relevante era tratar el auge de la “propaganda por la acción” anarquista. Era un relato coetáneo a los hechos y sobre todo a un fracasado atentado anarquista contra el observatorio de Greenwich, en 1894. Precisamente por ello, la novela tuvo poco éxito en vida de Conrad. Se consideraba una temática atrevida, un tanto indecente o, cuanto menos, impropia. Con el tiempo, sin embargo, devino uno de los títulos de más éxito de célebre autor.
Recordemos las novelas de Graham Greene, con esos personajes que llevan como pueden el tremendo peso de sus convicciones morales. En El factor humano, esa obra magistral, denuncia la hipocresía de los gobiernos, el poder del Estado y sus funcionarios, los límites morales de lo que las “buenas gentes” denuncian como traición. En su día, cuando fue publicada, en 1978, la novela generó su cuota de polémica, porque volvía sobre la gran vergüenza del servicio de inteligencia británico: los super traidores, los cinco de Cambridge, aquellos espías dobles de alta cuna reclutados por la Unión Soviética. Un estigma que pesa también sobre las obras de John Le Carré, ya desde El espía que surgió del frío, aparecida en 1963; justamente el mismo año en que Kim Philby, el más importante de los cinco traidores de Cambridge lograba escapar a la Unión Soviética.

Asuntos escabrosos para su época, escandalosos a veces; casi siempre polémicos. Pero que en su día la sociedad británica encajó y hasta aplaudió con su característico fair play.
Ese atrevimiento de los grandes clásicos ha servido de inspiración en Ciudad para ser herida. Quizá una de las primeras novelas que tiene como trasfondo el denominado procés o proceso soberanista impulsado desde la Generalitat ya en 2012. El escenario es perfecto para una novela de espionaje dado que a lo largo de los últimos seis años ha sido más que evidente la actuación de diversos servicios de inteligencia extranjeros en Cataluña. Es lógico que haya sido así, porque la situación de inestabilidad política y social junto con la posición estratégica de una gran ciudad como Barcelona, con su pujanza económica, por fuerza tenían que atraer la atención de todo tipo de actores externos. Además, eran los años de auge del denominado Estado Islámico de Irak y Siria, más conocido por las siglas ISIS o más despectivamente, en árabe, como el Daesh. Como parte de su estrategia de ataque, los atentados yihadistas planeados en Europa recurrían a terroristas avezados, veteranos de guerra en Siria, o a personajes marginados socialmente pero que con un arsenal doméstico podían llevar a cabo lo que se conoció como yihad low cost.
Con todo, Ciudad para ser herida no es una novela más sobre el terrorismo fundamentalista musulmán. Eso vendría a ser la segunda generación de la novelística de espionaje –con lo que tiene de intriga política de ficción- tras el sinfín de títulos con el trasfondo de la Guerra Fría. La novela que nos ocupa trata en realidad del flagelo del turbocapitalismo que es el verdadero azote de nuestra sociedad en los últimos treinta y tantos años. El capitalismo de la especulación a gran escala, de la libre circulación de capitales, de la externalización a cualquier coste, de la deslocalización de empresas, de la privatización incluso de las tareas básicas del Estado. Es la economía canalla (así definida por la economista Loretta Napoleoni) que se está llevando por delante al pequeño comercio, el Estado del bienestar, las expectativas e ilusiones de la juventud, la confianza en nuestras jubilaciones, la calidad de los productos que consumimos, e incluso nuestra seguridad personal. Estamos regresando a aquel mundo tenebroso que retrataba Dickens pero conectado y revuelto con otros ámbitos inquietantes que nadie parece ser capaz de controlar. Ni siquiera aquellos que intentan hacer fortuna con ellos de la forma más desaprensiva y cínica que se pueda concebir.
Ese es el verdadero trasfondo político de Ciudad para ser herida: no el de nuestras particulares obsesiones historicistas dentro de las cuales corremos como el hámster en su rueda (la guerra civil, la República, el franquismo), sino el de un futuro que ya está aquí, que no tiene ni quiere tener continuidad con el pasado y que amenaza con hacer de nuestras propias vidas algo del pretérito: la de usted mismo, la mía, la de Casiano, Genís, Max, Helena, Claudia y la del resto de personajes de Ciudad para ser herida. Los hechos que relata, acaecidos entre abril de 2016 y septiembre de 2017, desde luego, son ya historia.

Novela con modelo de reportaje

Ciudad para ser herida fue concebida como una novela reportaje. Comenzó a escribirse en abril de 2016 y el primer manuscrito se completó un año después, en mayo de 2017. La acción transcurría en tiempo real y los sucesos de la actualidad informativa iban influyendo en la narración. De esa forma, el Brexit, el golpe de estado en Turquía e incluso la victoria electoral de Donald  Trump marcaron el desenlace de la novela, sin que el autor supiera de antemano que iban a suceder cuando comenzó a escribirla. Se incorporaron a la trama narrativa mientras iban sucediendo. Por supuesto, tampoco sabía que iba a tener lugar el ataque terrorista de agosto de 2017, que por cierto, se incluye al final de la obra porque contrasta con el atentado fabulado en la trama. Y ello se hace en aplicación de las reglas de la novela, donde realidad y ficción se entretejen sin saber muy bien dónde llegan a tocarse.

Justamente por todo ello, porque la novela fue escrita como un reportaje en tiempo real en un momento concreto, podría ser inscrita también como novela histórica.  Novela histórica de Historia del tiempo presente;  pero es que ahora, un año después del desgraciado atentado de Barcelona, ya puede inscribirse también en ese género.

Precisamente, la obra traza una diferencia fundamental entre el terrorismo exterior, directamente ligado a la planificación y hasta ejecución internacional de los ataques (el caso de la operación descrita en esta novela) y los atentados ejecutados por ciudadanos del propio país, muchas veces de forma autónoma, en pequeños grupos o incluso de forma individual (yihadismo low cost). Esta diferenciación se especifica al final de la novela, tras producirse los atentados de las Ramblas, del 17 de agosto de 2017, cuando Claudia explicita que lo que planeaba Arash y lo sucedido finalmente en Barcelona son dos acciones de naturaleza diferente.

Literatura, realidad y ficción

La novela es, ante todo, Literatura. Esto es, se juega con la realidad y la ficción, con la estructura narrativa, con el lenguaje. Pero es, además, una novela con pretensiones de vanguardismo. Como ya se explicó, la forma de abordar el género es, en sí misma, parte de esta pretensión.

La estructura narrativa es la tradicional: planteamiento, nudo y desenlace. Pero esto sucede en líneas narrativas paralelas y por ello hay un triple epílogo, que en algunos casos es epílogo del epílogo. Aquí surge de una manera clara una estructura en “muñecas rusas” que aparece en otras partes de la novela e introduce al lector en esa lógica peculiar del mundo de la inteligencia, en el cual la información nos lleva a nuevas preguntas o a replantearnos lo que ya sabíamos. Y desde luego a cuestionarnos continuamente qué es éxito o fracaso.

Las relaciones entre los personajes, aunque no se profundiza mucho en ellas, tienen un papel importante en la obra. 

Primero, tenemos las categorías corporativas y el retablo de ese tipo de personas que se mueven en el mundo de las operaciones de inteligencia. Y que es muy amplio. Puede abarcar desde un portero de hotel contratado como informador puntual, a una persona involucrada sin tener conciencia de ello en ningún momento. Pero en líneas generales tenemos a los profesionales, a los “irregulares” (en muchos casos lo que conocemos como verdaderos espías) y a los auxiliares (conscientes de serlo o no).

Los irregulares y sus respectivas redes poseen un papel destacado en la novela por motivos literarios. A través de ellos se muestran esos mundos por los que navega la narración. El ámbito de los indepes; el de la nueva sociedad barcelonesa compuesta por el submundo de la inmigración, que nadie tiene mucho interés ni curiosidad en conocer (en realidad, nadie cuenta con ellos como colectivo); el de la academia, en el cual los espías buscan tantas veces información y sentido; y por supuesto, el de los malos, que es muy complejo y multiforme. Ya no se trata sólo de los viejos espías rusos o de terroristas musulmanes. Hoy en día la delincuencia puede poner en jaque a los estados, asociada a corporaciones y buscando sus alianzas en la red. Así es, por ejemplo, cómo se organiza el tráfico de órganos o el blanqueo de capitales.

Por último, hay otro elemento que es común a todos los personajes de la novela. No hay ninguno que tenga una pareja estable o esté casado.  Hay un viudo, un par de separados, personajes que buscan su pareja pero no tienen  claro qué quieren, incluso una protagonista que duda de su identidad sexual. Esto no es extraño en algunas profesiones, como la de diplomático o la que nos ocupa en la novela. Por otra parte, y como contrapartida, el trabajo es absorbente, y no digamos en periodos de clandestinidad.  De aquí que la camaradería o la amistad lleguen a suplir temporalmente a la familia.

La importancia de la amistad tiene una plasmación muy concreta en la novela en la relación que une a Claudia con Helena y Leonor, y que tendrá un protagonismo central en la novela. La mujer tiene un papel central en Ciudad para ser herida: las tres protagonistas son mujeres individualistas, profesionales y muy inteligentes con sus propias motivaciones personales. 

De hecho, hay una problemática que recorre la novela de principio a fin y es el de esas motivaciones personales aquellas que poseen las personas implicadas en la arriesgada profesión del espionaje, que además puede generar importantes dilemas morales. Hay personas que se mueven por su ideología política o su idealismo patriótico; después están los que recurren a su profesionalidad. No faltan los que no saben dónde se han metido. Pero hay un porcentaje significativo de personas que se mueven por lealtad personal: a los compañeros, a un líder, a los amigos, a una determinada idea sobre cómo debe resolverse un problema o una crisis. Por ello “rifarse por la banda” es una expresión que se repite varias veces a lo largo del relato.

La sicología tiene también un cierto protagonismo en la novela, normalmente de forma implícita, pero a veces explícitamente. Desde la primera página se explica al lector la importancia de procesos cognitivos que están presentes en la gestión de las operaciones de inteligencia, como el efecto Pigmalión. Pero hay toda una larga lista de problemáticas tipificadas en los manuales operativos. Por otra parte, en una sociedad altamente psicologizada como es la nuestra (en parte por efecto de la nueva sociedad de matriz neoliberal, altamente individualista que se ha venido imponiendo en los últimos treinta años) los agentes de inteligencia han de estar preparados para lidiar con sus propios problemas derivados de la profesión o con los que guían la acción del adversario.

En la obra hay una serie de alusiones a actitudes y deformaciones profesionales de los agentes de inteligencia, tanto los profesionales como los “irregulares”. Por ejemplo,  las alusiones a algunas formas de vestir, como la de Casiano, se refieren a viejas polémicas en torno a la conveniencia de adoptar la línea ultradiscreta y gris, o la más normal con concesiones a la moda. La frialdad y reserva de Claudia y su capacidad de controlar el mando desde una posición discreta parecen tener en ocasiones una vertiente clínica. También se habla del elevado umbral de dolor emocional de Casiano o la represión sexual de Helena. 

Por Joaquín Juan en Diario Información

BARCELONA CONNECTION

Ciudad para ser herida supone el deslumbrante debut en la narrativa de ficción de Francisco Veiga

Joaquín Juan Penalva 26.12.2018 | 20:25

El autor Francisco Veiga.

El autor Francisco Veiga. Fotos de la noticia

 

Este analista político y catedrático de Historia Contemporánea pone todos sus conocimientos al servicio de una novela de espionaje ambientada en la Ciudad Condal.

Dos son los ejes fundamentales sobre los que se articula Ciudad para ser herida, opera prima del periodista e historiador Francisco Veiga (Madrid, 1958): la ciudad de Barcelona y el espionaje en un mundo en el que se están desmoronando las viejas estructuras de poder. La novela de Veiga, segundo título publicado por la Editorial Mankell, inaugura la colección de novela negra del sello, si bien, en sentido estricto, estamos ante una novela de espionaje, un subgénero dentro de la novela negra. Como afirma el propio Veiga, si la novela negra esconde siempre una crítica social, la de espías plantea una crítica política.

Tras el sugerente (y poético) título de Ciudad para ser herida, el lector descubrirá un complejo thriller político ambientado en la ciudad de Barcelona, donde una investigación periodística se intercala con el trabajo de los servicios de inteligencia y una red de espionaje internacional, todo ello con el movimiento independentista como telón de fondo. De esta manera, Ciudad para ser herida pasa a formar parte de una ya larga lista de novelas ambientadas en Barcelona, entre las que podríamos destacar títulos ya clásicos como Nada (1945), de Carmen Laforet, o La plaça del Diamant (1962), de Mercè Rodoreda, si bien la novela de Veiga se encuentra mucho más próxima a las propuestas narrativas de Eduardo Mendoza ( La verdad sobre el caso Savolta y La ciudad de los prodigios, sobre todo), Manuel Vázquez Montalbán e incluso Pablo Tusset ( Lo mejor que le puede pasar a un cruasán).

Aunque Ciudad para ser herida tiene mucho de novela-reportaje que se atiene a la más estricta actualidad política (Brexit, el golpe de Estado en Turquía, Trump…), el autor ha sabido conferirle una factura literaria. Uno de los grandes aciertos es que comienza con un falso protagonista, el periodista Eugeni Julià, pero pronto se desplaza el foco hacia otros personajes. Ahora bien, el protagonismo se diluye en un personaje coral que nos ayuda a cambiar de perspectiva y a saber cosas desde otros puntos de vista, lo que resulta esencial para hacer avanzar la historia. Otro gran acierto es el de dejar fuera de campo casi todo el tiempo a un personaje como Arash, que únicamente aparece al principio y al final de la novela, aunque su existencia resulta fundamental para articular toda la trama.

Sin duda, lo más interesante de todo el libro es esa reflexión acerca de que algo está cambiando en la política internacional a nivel planetario y, por tanto, en los servicios de inteligencia de los diferentes países. Además, el espionaje político, militar y estratégico ha ido cediendo paso al industrial y empresarial, y cada vez resulta más difícil deslindar los intereses de uno y otro tipo.

La novela está plagada de citas y referencias literarias, no solo a las novelas de espías, sino a obras de muy diferente tipo y época. Así, hay un momento de autorreferencialidad que supone una puesta en abismo: «Esto no es una novela negra, es una novela de espías» (p. 87). Del mismo modo, resultan frecuentes las alusiones a Graham Greene y, en determinado momento, aparecen mencionados Orson Welles y John Le Carré. De todas maneras, mucho más determinante resulta la alusión a la atmósfera de El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati, ya que Veiga nos plantea la incertidumbre de un mundo en descomposición, en constante cambio, en el que el espionaje ya no funciona como antes.